Punto de encuentro para el que busca la Luz, su esencia, su sexto sentido. Es para quien siente la inquietud de crecer y despertar su consciencia. Inquietud por encontrar la espiritualidad intrínseca que tiene por naturaleza y su expresión en la vida y más allá de lo que ven nuestros sentidos físicos y nuestras estructuras adquiridas y aprendidas.

jueves, 5 de marzo de 2009

El mensajero y la palabra.

Sentada como estaba no vio que se acercaba alguien extraño. Llevaba varios días sin hablar con nadie. Parecía que las palabras hubiesen volado de ella y hubiesen anidado en algún otro pecho. La tristeza había ido secando su habitual caudal de expresión. En ese momento ella recordó a su madre.


Y es que su madre, por aquellos días de la infancia acostumbraba a llenarle los bolsillos de palabras. Le iba descubriendo el mundo a golpe de ficha. Por las mañanas, después de desayunar un tazón bien lleno de luz frente a un gran ventanal, le estiraba el pelo en una cola de caballo, y por lo tanto los ojos y por lo tanto la sonrisa que quedaban igualmente tensadas ante la maestría de su madre en su aseo diario. Justo entonces, sacaba un lapicero del cajón de los cubiertos, arrancaba un trozo de papel y garabateaba algo con mucha precisión y mayor determinación. Una nueva palabra. El día que le escribió la palabra ‘vida’ la llevó al arroyo y le puso los pies en el agua, tocando los cantos del fondo. Al rato algunos peces pequeños aleteaban nerviosos en sus dedos. El primer recuerdo de vida es ese y así aprendió la palabra. A través de esos papelitos ella entraba en las entrañas del mundo.


Cuando el anciano se sentó le vino un olor a madera que le hizo girar su cabeza.
Sus manos parecían las ramas de un árbol y un rumor de hojas se destapó cuando se puso a hablar. Hablaron de las palabras con palabras, hablaron de la vida a través de la vida, hablaron del amor sintiendo amor, de fluir y estaban fluyendo.
Cuando el hombre se levantó para marcharse se agradecieron el tiempo prestado, la bondad compartida, la generosidad. Lo miraba alejarse mientras escribía una palabra para llevarse al bolsillo. En mayúsculas, se metía un ‘’Sí ‘’en un papelito con una sonrisa. Pensó en su madre y en ese último mensajero, que ahora se alejaba. Se levantó y pensó en eso, simplemente.
En la vida como un Sí., largo, continuo… Siempre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias gorrioncito de Luz, que Dios te bendiga. Bss.
C.M.M.

Candela dijo...

Es precioso :-)